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Liderazgo en Tiempos de Crisis
Ser un buen líder no es cosa fácil. Dirigir una familia, un equipo, una organización, o todo un país es sin duda una de las tareas más complejas que cualquier persona puede asumir en su vida personal o profesional.
Es por esta misma razón que liderar no es algo que todo el mundo es capaz de hacer. En un entorno laboral, por ejemplo, no todo colaborador estrella tiene el deseo o la capacidad para ascender a un puesto de supervisión y tener un desempeño igualmente estelar. Se requiere una verdadera vocación, y se requiere contar o desarrollar una gama de habilidades específicas. Existen “líderes natos”, con un talento natural para guiar un grupo de gente, mientras otras personas descubren esa vocación con estilos de liderazgo y personalidad menos convencionales. En ambos casos, sin embargo, los líderes deben apalancar ese talento natural o desarrollar su capacidad de liderazgo a través de métodos, entrenamiento, y constante crecimiento personal.
Ser un GRAN líder, ese que produce resultados excepcionales y que inspira a los grupos que dirige de forma extraordinaria; ese que deja huella en una organización o en la sociedad en general, es sin duda más complicado. ¡Esos grandes líderes son escasos!
La tarea puede llegar a ser más fácil cuando las cosas van bien. Liderar una organización en tiempos de bonanza, simplifica la tarea del líder y puede, incluso, llegar a ocultar las imperfecciones del líder. Es común en estos casos calificar a alguien como un excelente líder simplemente porque los resultados cuantitativos de la organización son en su mayoría positivos.
La cosa cambia en tiempos de crisis. Es ahí en donde queda en evidencia la verdadera capacidad de un líder, donde claramente se puede distinguir entre el líder sólido, el líder promedio y el líder malo. En esos tiempos se puede medir al líder, aquel quien, a pesar de los resultados cuantitativos positivos que su gestión haya obtenido en el pasado, también se demuestra ante la adversidad su falta de capacidad para gestionar con eficacia al grupo que dirige.
La historia de la humanidad tiene varios ejemplos de esos grandes líderes que se consolidaron como tal en tiempos de crisis. Un referente preferido es Winston Churchill y su gestión como Primer Ministro del Reino Unido durante la 2da Guerra Mundial. Confrontando una amenaza existencial para su país, Churchill logró mantener a su pueblo unificado en un mismo objetivo, resiliente ante la adversidad y victorioso al final del proceso. En diversos artículos sobre su estilo de liderazgo se destaca su indudable carisma y personalidad, características innatas que le ayudaron en su trayectoria. En adición, Churchill operaba hábilmente la aplicación de diversos elementos de liderazgo que fortalecieron su efectividad ante semejante crisis.
En primer lugar, podemos referirnos a su gran capacidad como comunicador y su cercanía con la gente. Desarrolló un estilo de oratoria directo y efectivo, siempre sustentado en la verdad y en los hechos, pero construyendo sobre ellos un mensaje inspirador y esperanzador. Más aún, no se limitó a comunicarse con su pueblo por los medios oficiales, sino que priorizó el estar presente en las calles, en las zonas de conflicto o de desastre, hablando con su gente, liderando con el ejemplo y su cercanía, generando en consecuencia una total credibilidad en su persona y en las estrategias que él marcaba para superar la crisis. Con ello, llevó el actuar de su pueblo a niveles extraordinarios de resistencia y resultados bajo el entorno más adverso posible.
Adicionalmente, su enfoque constante en tomar acción, en la rápida y eficiente toma de decisiones, y en corregir el rumbo cuando dichas decisiones no daban los resultados esperados, fueron indispensables para su éxito. De manera que su mensaje no quedaba sólo en palabras. Las acciones específicas, los logros alcanzados de las estrategias, y el trabajo casi sin descanso que Churchill y su equipo desplegaban eran claramente percibidos por el pueblo, y reforzaban el compromiso de todo el país con la causa.
En este 2020 el mundo está experimentando una crisis de proporciones similares. El registro de la historia ya está marcando a algunos jefes de estado como grandes líderes, mientras otros se han quedado muy cortos. En estos últimos podemos apreciar estilos y estrategias de liderazgo contrarias a las aplicadas por Churchill cuyos resultados han sido tan lamentables, no sólo en la pérdida innecesaria de vidas humanas y en el estancamiento económico, sino también, en la división política y social en un gran número de estos países.
En el mundo empresarial y en nuestra industria de la hospitalidad también vemos este fenómeno. Mientras algunas organizaciones, grupos y propiedades son gestionadas por líderes brillantes, coherentes, ejemplares y comprometidos con la comunicación efectiva hacia sus equipos, algunas otras han descubierto carencias en liderazgo cuando la situación más lo ha requerido.
Tanto unas como otras se han visto obligadas a reducir sus plantillas laborales, enfrentadas con la inevitable necesidad de generar las eficiencias que permitan la supervivencia. Las organizaciones que han llevado el proceso de manera correcta, con transparencia en la comunicación, transmitiendo claramente su visión de recuperación e involucrando a sus equipos en la toma de decisiones, tendrán como resultado un grupo de colaboradores listo para regresar con entusiasmo y compromiso a sus labores de manera gradual conforme a la recuperación de las actividades de cada sector.
Estas empresas serán capaces de captar al talento óptimo para alcanzar los niveles de servicio y rentabilidad necesarios de manera más rápida. Por otro lado, aquellas empresas cuyos líderes han comunicado las estrategias ineficientemente, han sido distantes con el personal que permanece, no han sido empáticos con el personal que ha sido separado y tampoco han liderado con el ejemplo, verán una recuperación mermada y problemática.
Hoy más que nunca ser un líder ejemplar es una de tus principales responsabilidades, para con tu organización y para contigo mismo.

Being a good leader is no easy feat. Leading a family, a team, an organization, or an entire country is undoubtedly one of the most complex tasks that anyone can take on in their personal or professional life. It is for this very reason that leading is not something that everyone is capable of doing. In a work environment, for example, not every star collaborator has the desire or ability to rise to a supervisory position and have an equally stellar performance.
A true calling is required, and it requires having or developing a range of specific skills. There are “born leaders,” with a natural talent for leading a group of people, while other people discover that calling with less conventional leadership styles and personalities. In both cases, however, leaders must leverage that natural talent or develop their leadership ability through methods, training, and constant personal growth.
Being a GREAT leader, one who produces exceptional results and inspires the groups he leads in an extraordinary way; The one who leaves a mark on an organization or on society in general is certainly more complicated. These great leaders are rare! The task can become easier when things are going well. Leading an organization in times of prosperity simplifies the leader’s task and can even hide the leader’s imperfections. It is common in these cases to qualify someone as an excellent leader simply because the quantitative results of the organization are mostly positive.
Things change in times of crisis. This is where the true capacity of a leader becomes evident, where one can clearly distinguish between the solid leader, the average leader and the bad leader. In these times, one can measure the leader, who, despite the positive quantitative results that his management has obtained in the past, also demonstrates in the face of adversity his lack of capacity to effectively manage the group he leads.
The history of humanity has several examples of these great leaders who consolidated themselves as such in times of crisis. A favorite reference is Winston Churchill and his management as Prime Minister of the United Kingdom during World War II. Confronting an existential threat to his country, Churchill managed to keep his people united in a single objective, resilient in the face of adversity and victorious at the end of the process. In various articles about his leadership style, his undoubted charisma and personality are highlighted, innate characteristics that helped him in his career. In addition, Churchill skillfully operated the application of various leadership elements that strengthened his effectiveness in the face of such a crisis.
First of all, we can refer to his great ability as a communicator and his closeness to people. He developed a direct and effective style of oratory, always based on truth and facts, but building on them an inspiring and hopeful message. Furthermore, he did not limit himself to communicating with his people through official means, but rather prioritized being present in the streets, in conflict or disaster zones, speaking to his people, leading by example and his closeness, consequently generating total credibility in himself and in the strategies he outlined to overcome the crisis. With this, he led the actions of his people to extraordinary levels of resistance and results under the most adverse environment possible.
Additionally, his constant focus on taking action, on rapid and efficient decision-making, and on correcting the course when said decisions did not yield the expected results, were indispensable for his success. So his message was not just words. The specific actions, the achievements of the strategies, and the almost tireless work that Churchill and his team deployed were clearly perceived by the people, and reinforced the commitment of the entire country to the cause. In 2020, the world is experiencing a crisis of similar proportions.
The record of history is already marking some heads of state as great leaders, while others have fallen short. In the latter we can see leadership styles and strategies contrary to those applied by Churchill, whose results have been so regrettable, not only in the unnecessary loss of human lives and economic stagnation, but also in political and social division in a large number of these countries. In the business world and in our hospitality industry we also see this phenomenon.
While some organizations, groups and properties are managed by brilliant, coherent, exemplary leaders committed to effective communication with their teams, others have discovered deficiencies in leadership when the most difficult situation is to overcome the difficulties of the leaders has required it.
Both have been forced to reduce their workforces, faced with the inevitable need to generate efficiencies that allow survival. Organizations that have carried out the process correctly, with transparency in communication, clearly transmitting their vision of recovery and involving their teams in decision-making, will have as a result a group of collaborators ready to return with enthusiasm and commitment to their work gradually according to the recovery of the activities of each sector.
These companies will be able to attract the optimal talent to reach the necessary levels of service and profitability more quickly. On the other hand, those companies whose leaders have communicated strategies inefficiently, have been distant with the staff that remains, have not been empathetic with the staff that has been separated and have not led by example, will see a diminished and problematic recovery. Today more than ever, being an exemplary leader is one of your main responsibilities, to your organization and to yourself.